Ante la ausencia de medios para diagnosticar enfermedades, en la antigua china se observaba y estudiaba el pulso y en aspecto general de los paciente (dándole también una gran importancia al aspecto de la lengua). Mediante la observación y con el paso de los milenios, los chinos fueron mejorando la pulsología hasta llegar a los niveles actuales en los que les sirve como una herramienta de diagnosis.
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